Estados Unidos culpable del éxodode niños migrantes

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Es inevitable no ser arrastrado por las emociones que evocan las imágenes de miles de niños centroamericanos tratando de cruzar la frontera ilegalmente o en centros de detenciones en espera de un futuro incierto.

Es también inevitable no cuestionar quiénes son los responsables de este repentino éxodo de menores de edad. Al apuntar el dedo a El Salvador, Guatemala y Honduras, de donde provienen la mayoría de los 52 mil niños que hasta ahora han sido detenidos por la Patrulla Fronteriza, me remonté a principios de los años 90.

Pasé varias semanas en El Salvador a finales de la sangrienta guerra civil, 1980-1992, la cual dejó 75 mil muertos. Durante mi estadía en San Salvador y el recorrido por las regiones de batalla, el sufrimiento de la gente era desgarrador. La mayoría habían perdido todo, incluyendo familiares. En algunos poblados, las paredes estaban llenas de balas, había fosas comunes donde el ejército masacraba a decenas.

Casi me había olvidado de El Salvador hasta hace una semanas cuando empezó el éxodo de menores. El debate es qué hacer con estos niños, ¿enviarlos de regreso o dejarlos que se queden?

Los activistas han lanzado una campaña “humanitaria” mientras que los conservadores republicanos piden mano dura. El mismo, presidente Obama quiere modificar una ley promulgada en 2008 que obliga a la Patrulla Fronteriza entregar a los niños al Departamento de Salud y Servicios Humanos el cual les garantiza una audiencia en la corte.

Al buscar culpables, es importante recordar el papel que Estados Unidos desempeñó en Centroamérica durante la guerra fría. Como bien escribe Robert Reich, ex secretario del Trabajo durante la administración de Bill Clinton, por décadas, el país financió regímenes brutales en Centroamérica como en El Salvador donde envió 5 mil millones de dólares para fomentar la guerra civil con la excusa de detener el comunismo.

El resultado, según Reich, ahora profesor de la Universidad de California en Berkeley,es un legado de extrema violencia y una cultura de impunidad. El sistema judicial es débil, corrupto e ineficiente. Al final de la guerra fría, Estados Unidos perdió todo interés en Centroamérica, dejando una estela de destrucción y una población en ruinas.

No hay que olvidar que Estados Unidos es tan responsable como los gobiernos de esos países por los estragos de estos pueblos. Lo irónico pareciera ser que los mismos que se oponen a medidas humanitarias en favor de los niños inmigrantes son los mismos que ideológicamente apoyaban las intervenciones en Centroamérica.

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